GASTRONOMÍA · JULIO 2024

El Hallazgo del Strinto Porcino:
Embutidos Olvidados de Toscana

Por Oria Toscana · 12 de julio de 2024 · 7 min de lectura

En la gastronomía toscana hay sabores que sobrevivieron cinco siglos porque nadie los documentó lo suficiente como para que alguien los pudiera falsificar.

Sucedió en el sótano de una de las casas más antiguas de la finca. Mientras preparábamos el espacio para las barricas de aceto, encontramos una cámara de curación sellada con ladrillos —parte de ella, al menos— que databa del siglo XVI. En las paredes de piedra porosa todavía colgaban ganchos de hierro forjado, oxidados pero intactos. Y en uno de los archivos que el notario recuperó junto con los títulos de propiedad, una referencia escrita a mano: strinto porcino, ottobre 1734.

El strinto porcino. Nadie en el equipo lo conocía. Investigamos.

Qué es el strinto porcino

El strinto es un embutido de tradición toscana que prácticamente desapareció en el siglo XX con la industrialización de la norcinería —la artesanía del cerdo. A diferencia de los grandes embutidos toscanos conocidos internacionalmente, el strinto era un producto de la economía doméstica campesina: se elaboraba con los cortes menos nobles del cerdo, se curaba con sal marina gruesa, semillas de hinojo silvestre y pimienta negra, y se dejaba secar en cámaras de piedra durante el invierno.

Su nombre proviene del dialecto toscano: strinto significa "apretado", en referencia a la técnica de prensado del embutido durante el proceso de curación. El resultado era un salame compacto, de textura densa y sabor profundo, con un fondo vegetal del hinojo que ningún embutido industrial puede replicar.

El norcino de Pienza

Con la referencia histórica en mano, buscamos a alguien que pudiera saber más. Encontramos a Marco, un norcino de cuarta generación en Pienza —la ciudad del Pecorino— que había oído hablar del strinto de su abuelo pero nunca lo había elaborado. Le mostramos la referencia de 1734. Quedó en silencio durante un buen rato.

"Mi abuelo mencionó que en las casas viejas del Val d'Orcia hacían un salame con hinojo que no era como nada que hubiera probado. Pensé que exageraba", nos dijo.

Decidimos intentarlo juntos. Marco usó cerdas Cinta Senese —la raza porcina autóctona de Toscana, con su característica banda blanca sobre el lomo oscuro— y especias que siguieran la descripción más antigua que encontramos. La primera tanda curó durante cuatro meses en la misma cámara de piedra que descubrimos en la finca.

El resultado

Cortarlo por primera vez fue un acto casi arqueológico. El color interior era rojo oscuro con vetas blancas de grasa distribuidas de manera completamente diferente a un salame convencional —más irregulares, más rústicas. El olor era inmediatamente reconocible como algo toscano: tierra, hinojo, el mínimo de sal que no ahoga, un fondo ahumado que nadie explicó cómo llegó allí pero que Marco atribuye a la piedra misma de la cámara.

El sabor. El sabor es el que justifica todo este artículo. Hay una intensidad que el tiempo y el proceso artesanal producen y que ninguna tecnología moderna puede replicar. No es "más fuerte". Es más complejo. Cada capa de sabor llega en un momento diferente.

"Los sabores olvidados no desaparecen. Solo esperan que alguien los busque con suficiente curiosidad." — Marco, norcino de Pienza

El strinto en la mesa de Oria

A partir de esta primera producción experimental, el strinto porcino ha entrado en la mesa de Oria. Los socios que visitan la finca lo encuentran en las mesas de bienvenida junto al Pecorino de Pienza, el aceite de los olivos centenarios y el pan toscano sin sal. No como curiosidad de restaurante. Como parte del territorio que ahora les pertenece.

Marco elabora strinto para Oria en cantidades pequeñas —una producción de otoño, como manda la tradición. Cada pieza tarda seis meses en estar lista. No hay más rápido que eso.

Los socios descubren el territorio completo

Vino, aceto, aceite, strinto — la finca produce más que uvas.

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